PSICOLOGIA

"La Psicología es un viaje,recorrido y hospedaje constante a las entrañas del ser, donde las valijas tienen un papel preponderante, ya que ahí, se encuentran las herramientas de la Psicología".César S. Gómez Sánchez.

CIENCIA

"Una Ciencia puede perder su validez, cuando los individuos que la representan carecen de conocimientos y estan subordinados a un saber, se estereotipa y se eliminan los caracteres científicos". F. Nietzsche.

PSICOANALISIS

"Es que a una nueva verdad, no es posible contentarse con darle su lugar, pues de lo que se trata, es de tomar nuestro lugar en ella". Jacques Lacan.

FILOSOFIA

"Un Pueblo que no conoce su Historia, esta condenado irremediablemente a repetirla". Marco Tulio.

LITERATURA

"Erotismo y poesía: El primero es una metáfora de la sexualidad; la segunda, una erotización del lenguaje". Octavio Paz.

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domingo, 19 de febrero de 2017

La Realidad de lo Virtual (The Reality of the Virtual) Slavoj Žižek




Documental rodado en Londres el 11 de diciembre de 2003. Son setenta minutos de Žižek en estado puro. En su peculiar estilo, hace un análisis político de la situación mundial apoyándose en las categorías de Lacan.





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Psic. CÉSAR S. GÓMEZ SÁNCHEZ
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lunes, 7 de noviembre de 2016

Estructuralismo: Foucault y Lacan




Ciclo de conferencias a propósito de los cincuenta años de la edición de clásicos del estructuralismo francés. Organizan: Embajada de Francia, Biblioteca Nacional, Siglo XXI Editores y Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.





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martes, 2 de agosto de 2016

“La medida del verdadero amor es: Puedes insultar al otro”: Entrevista A SLAVOJ ŽIŽEK.




ENTREVISTA A SLAVOJ ŽIŽEK. 
“La medida del verdadero amor es: Puedes insultar al otro” 
Por Sabine Reul y Thomas Deichmann.


El filósofo esloveno Slavoj Žižek se ha convertido en objeto de un culto a partir de sus muchos escritos –incluyendo The Ticklish Subject: The Absent Centre of Political Ontology (Verso, 2000), una crítica juguetona del asalto intelectual a la subjetividad humana.

En la prestigiosa Feria del Libro de Frankfurt, en octubre de 2001, Žižek habló con Sabine Reul y Thomas Deichmann sobre subjetividad, multiculturalismo, sexo y falta de libertad luego del 11 de septiembre. 

Pregunta: ¿Arrojó el 11 de septiembre nueva luz sobre su diagnóstico de lo que está ocurriendo en el mundo? 

Slavoj Žižek: Una de las frases que oímos repetirse sin cesar en las últimas semanas es que nada volverá a ser igual luego del 11 de septiembre. Me pregunto si hay de verdad un cambio tan sustancial. Hay, por cierto, un cambio en el nivel de percepción o publicidad, pero no creo que podamos hablar todavía de una ruptura fundamental. Se confirmaron actitudes y miedos preexistentes, y ahora ocurrió realmente lo que los medios nos decían sobre el terrorismo. 

En mi obra, pongo un fuerte énfasis en lo que usualmente se llama virtualización o digitalización de nuestro medio ambiente. Sabemos que el 60% de la gente en el planeta no ha hecho siquiera un llamado telefónico en toda su vida, pero hay un 30% de nosotros que vive en un universo digitalizado construido y manipulado artificialmente, que se distingue de modo creciente de los medios naturales o tradicionales. Parece como si en todos los niveles viviéramos cada vez más una vida desprovista de sustancia. Se consume cerveza sin alcohol, carne sin grasa, café sin cafeína, y eventualmente, sexo virtual... sin sexo. 

La realidad virtual, para mí, representa el clímax de este proceso: hay ahora realidad sin realidad.. o una realidad absolutamente regulada. Pero hay otra faceta más. A lo largo de todo el siglo XX, veo una tendencia en sentido contrario, para la que mi buen amigo el filósofo Alain Badiou inventó un bello nombre: “la passion du réel”, la pasión por lo real. Es decir, dado precisamente que el universo en que vivimos es un universo de convenciones muertas y artificialidad, la única real experiencia auténtica debe ser algo extremadamente violento, una experiencia desgarradora. Y lo sentimos de alguna manera como una vuelta a la vida real. 

P: ¿Sería eso lo que estamos viendo ahora? 

SZ: Creo que eso puede ser lo que ha definido al siglo XX, un siglo que comenzó en realidad con la Primera Guerra Mundial. Todos recordamos los escritos de Ernst Jünger, donde ensalza la experiencia del combate cara a cara y la define como la más auténtica. O en el nivel del sexo, el film arquetípico del siglo XX sería Ai No Corrida [El imperio de los sentidos], de Nagisa Oshima, donde la idea es que no se es verdaderamente radical si no se va hasta el fin en un encuentro sexual, si no se torturan el uno al otro hasta que no sobrevenga prácticamente la muerte. Debe hacer extrema violencia para que el encuentro sea auténtico. 

Otra figura emblemática en este sentido sería el así llamado ‘cutter’, un fenómeno patológico muy difundido en los EEUU. Debe haber alrededor de dos millones de personas, en su mayoría mujeres, pero varones también, que se cortan con navajas. ¿Por qué? No tiene nada que ver con masoquismo o impulsos suicidas. Es simplemente que no sienten ser personas reales, de modo que la idea básica es que sólo a través del dolor y cuando se siente la tibieza de la sangre es posible volver a conectarse. Me parece que esta tensión es el trasfondo contra el que se puede apreciar el efecto de aquel acto de que hablamos 

P: ¿Se relaciona esto con sus observaciones sobre la muerte de la subjetividad en The Ticklish Subject: The Absent Centre of Political Ontology? Allí dice Ud. que el problema es de lo que llama ‘forclusión’: la articulación del sujeto es forcluída por la evolución de la sociedad en los últimos años. 

SZ: El punto de partida de mi libro sobre el sujeto es que, incluso si se encuentran en neta oposición unas respecto de la otras, casi todas las orientaciones filosóficas actuales concuerdan en una suerte de posición antisubjetivista básica. Por ejemplo, Jürgen Habermas y Jacques Derrida estarían ambos de acuerdo en que el sujeto cartesiano debe ser desconstruido, o, en el caso de Habermas, introducido en una dialéctica subjetiva más amplia. Cognitivistas, hegelianos... todos concuerdan en esto. 

Siento la tentación de decir que debemos retornar al sujeto, aunque no a un sujeto puramente racional al modo cartesiano. Mi idea es que el sujeto es inherentemente político, en el sentido en que ‘sujeto’, para mí, denota una partícula de libertad, uno ya no hunde sus raíces en una sustancia firme cualquiera, sino que se encuentra en una situación abierta. No es posible hoy en día seguir aplicando simplemente las viejas reglas. Enfrentamos paradojas que no nos ofrecen salidas inmediatas. En este sentido, la subjetividad es política. 

P: Pero este tipo de subjetividad política parece haber desaparecido. En sus libros habla Ud. de un mundo post-político. 

SZ: Cuando digo que vivimos en un mundo post-político, me refiero a una impresión ideológica errónea. En realidad no vivimos en un mundo así, pero el universo existente se presenta como post-político en el sentido de que hay una suerte de pacto social básico según el cual ya no se percibe a las decisiones sociales elementales como decisiones políticas, y no se las discute como tales. Se han vuelto simples decisiones de gesto y de administración. Y los conflictos restantes son en su mayoría conflictos entre diferentes culturas. Tenemos la forma presente de capitalismo global, más algun tipo de democracia tolerante como el último exponente de esa idea. Y, paradójicamente, sólo muy pocos están preparados para cuestionar este mundo. 

P: ¿Y qué hay de malo en eso? 

SZ: Este mundo post-político parece conservar todavía la tensión entre lo que usualmente llamamos liberalismo tolerante y multiculturalismo. Para mí –y esto a pesar de que nunca me gustó Nietzsche– la vieja oposición nietzscheana entre nihilismo activo y pasivo es la definición que más se adapta a este estado de cosas. Nihilismo activo, en el sentido de no querer nada por sí mismo, es esta auto-destrucción activa que sería precisamente la pasión por lo real, la idea de que, para vivir completa y auténticamente, hay que comprometerse en la auto-destrucción. Por otro lado, está el nihilismo pasivo, lo que Nietzsche llama “el último hombre”, que vive una vida estúpida y autocomplaciente, sin grandes pasiones. 

El problema con un universo post-político es que tenemos estos dos aspectos enfrentados en una suerte de dialéctica mortal. Me parece que para romper el círculo vicioso hay que reinventar la subjetividad. 

P: Dice Ud. también que las élites en nuestro mundo occidental están perdiendo los estribos. Que quieren abandonar viejos conceptos como humanismo o subjetividad. Contra eso, dice Ud. que es importante considerar todo lo que puede ser importante conservar de lo viejo. 

SZ: Por supuesto, no estoy en contra de lo nuevo. De hecho, me siento casi tentado de repetir lo que decía Virginia Woolf. Creo que fue en 1914 que dijo que era como si la eterna naturaleza humana hubiera cambiado. Ser humano no significa ya lo mismo. No deberíamos, por ejemplo, subestimar el impacto social intersubjetivo del ciberespacio. Lo que estamos presenciando hoy es una redefinición radical de lo que significa el concepto de ser humano. 

En internet, por ejemplo, se dan fenómenos extraños. Están los sitios llamados ‘cam’, donde la gente expone sus secretos más íntimos en el sentido más vulgar a un público anónimo. Hay sitios donde –incluso yo, con mis gustos decadentes, sufrí un golpe al enterarme de esto– la gente pone una cámara de video en el baño, de modo que se los pueda ver defecar. Es una situación totalmente nueva. No es privado, pero tampoco es público. No es el viejo gesto exhibicionista. 

Comoquiera que sea, está ocurriendo algo radical, y hay una cierta cantidad de nuevos términos que se nos proponen para describirlo. El más comúnmente usado es ‘cambio de paradigma’, denotando que vivimos en una época de paradigmas cambiantes. Así, los cultores de la New Age nos dicen que no tenemos ya un individualismo cartesiano, mecanicista, sino una nueva mente universal. En sociología, los teóricos de la segunda modernidad dicen cosas similares. Y los teóricos del psicoanálisis dicen que ya no rige más el complejo de Edipo, sino que vivimos una era de perversión universalizada. 

No creo que debamos aferrarnos a lo viejo, pero estas respuestas son erróneas y no registran verdaderamente el quiebre que está teniendo lugar. Si juzgamos lo que está ocurriendo hoy según los estándares de lo viejo, podemos advertir el abismo de lo nuevo que emerge. 

Aquí me gustaría referirme a Pascal, cuyo problema también era la confrontación con la modernidad y la ciencia moderna. Su dificultad era que él quería seguir siendo un cristiano viejo y ortodoxo en esa era nueva, moderna. Es interesante que sus resultados sean mucho más radicales e interesantes para nosotros hoy que los resultados de superficiales filósofos liberales ingleses, que se limitaban simplemente a aceptar la modernidad. 

Se advierte lo mismo en la historia del cine, si nos detenemos en la época en que aparece el sonoro. Bien, se podría decir, “¿cuál es el problema?”. Adicionando el sonido a la imagen simplemente logramos una reproducción más realista de la realidad. Pero esto no es cierto en modo alguno. Es interesante que los directores que fueron más sensibles a lo que la introducción del sonido representaba realmente fueran generalmente los conservadores, los que lo miraban con excepticismo: Charlie Chaplin (hasta cierto punto), y Fritz Lang. El testamento del Dr. Mabuse, de Lang, presentaba de modo maravilloso esta dimensión espectral, fantasmal, de la voz, mostrando que la voz no es una simple cualidad secundaria de un cuerpo. Lo que no es más que otro ejemplo de cómo un conservador, como si estuviera temeroso del nuevo medio, tiene una comprensión mucho más profunda de su inquietante potencial de radicalidad. 

Lo mismo se aplica hoy. Hay gente que dice: “¿Cuál es el problema? Zambullámonos en el mundo digital, en internet, o en lo que sea.” No ven realmente lo que está ocurriendo. 

P: ¿Por qué entonces la gente declara el inicio de una nueva era cada cinco minutos? 

SZ: Precisamente, se trata de un intento desesperado para evitar el trauma de lo nuevo. Un profundo gesto conservador. Los verdaderos conservadores de hoy son los seguidores de los nuevos paradigmas. Tratan desesperadamente de evitar enfrentarse con lo que realmente cambia. 

Déjenme volver a mi ejemplo. En El gran dictador, de Chaplin, se satiriza a Hitler con el personaje de Hinkel. La voz es percibida como algo obsceno. Hay una escena maravillosa en que Hinkel da un gran discurso compuesto sólo por palabras obscenas, sin sentido. Sólo cada tanto reconocemos alguna palabra vulgar alemana como ‘Wienerschnitzel’ o ‘Kartoffelstrudel’. Se trataba de una genial intuición: de cómo la voz es una suerte de fantasma espectral. Esto se reveló a los conservadores que eran sensibles a la ruptura de lo nuevo. 

De hecho, todos los grandes quiebres ocurrieron de esa manera. Nietzsche era, en este sentido, un conservador, y creo poder decir que también Marx lo era. Marx siempre subrayaba que podemos aprender más de los conservadores inteligentes que de los simples liberales. Hoy, más que nunca, debemos mantenernos en esta actitud. Cuando algo sorprende, golpea, no se puede simplemente aceptarlo. No está bien decir: “Bueno, listo, juguemos los juegos digitales.” No deberíamos olvidar nuestra capacidad real de ser sorprendidos. Creo que el peligro mayor de estos tiempos es el de nada más dejarse llevar. 

P: Volvamos a algunas de las cosas que nos han sorprendido últimamente. En un artículo reciente Ud. postula la idea de que los terroristas son un espejo de nuestra civilización. No están afuera, sino que reflejan nuestro mundo occidental. ¿Podría explicarse un poco más?

SZ: Se trata, por supuesto, de mi respuesta a la tesis popular de Samuel P. Huntington y otros, que hablan de algo así como un “choque de civilizaciones”. No comparto esa tesis, y esto por una serie de razones. 

El racismo actual es precisamente este racismo de la diferencia cultural. Ya no dice: “Soy más que tú.” Dice: “Yo quiero mi cultura, tú puedes quedarte con la tuya.” Hoy, todos los derechistas dicen eso. De hecho, pueden ser muy posmodernos. Reconocen que no hay una tradición natural, que toda cultura es un constructo artificial. En Francia, por ejemplo, tenemos a la derecha neo-fascista, que se refiere a los desconstruccionistas diciendo: “Bien, la lección del desconstruccionismo en contra del universalismo es que sólo hay identidades particulares. Así que, si los negros pueden tener su cultura, ¿por qué no podríamos nosotros tener la nuestra?” 

Deberíamos también considerar la primera reacción de la “mayoría moral” norteamericana, específicamente Jerry Falwell y Pat Robertson, ante los ataques del 11 de septiembre. Pat Robertson es algo excéntrico, pero Jerry Falwell es una figura popular, que apoyó a Reagan y es parte del mainstream, no un tipo raro. Pues bien, su reacción fue la misma que la de los árabes, aunque se retractó unos días después. Falwell dijo que el ataque al World Trade Center era una señal de que Dios ya no protegía a los EEUU, porque los EEUU habían elegido un camino de maldad, homosexualidad y promiscuidad. 

De acuerdo al FBI, hay en la actualidad al menos dos millones de derechistas de la así llamada ala radical en los EEUU. Algunos son muy violentos, matan a médicos que hace abortos, por no mencionar el atentado de Oklahoma. Esto, para mí, muestra que la misma actitud violenta, anti-liberal, florece en nuestra propia civilización. Lo veo como una prueba de que el terrorismo es un aspecto de nuestro tiempo: no podemos ligarlo con una civilización particular. 

Respecto del Islam, deberíamos leer historia. De hecho, me parece que es muy interesante volver la vista hacia la ex-Yugoslavia. ¿Por qué Sarajevo y Bosnia fueron el centro de un violento conflicto? Porque era la república étnicamente más heterogénea de la ex-Yugoslavia. ¿Por qué? Porque fue dominada más tiempo por los musulmanes, y éstos fueron históricamente los más tolerantes, sin ninguna duda. Nosotros los eslovenos, y los croatas, ambos católicos, los echamos hace varios siglos. 

Esto prueba que no hay nada inherentemente intolerante en el Islam. Debemos preguntarnos más bien por qué este aspecto terrorista del Islam surge precisamente hoy. La tensión entre tolerancia y violencia fundamentalista se halla en el interior de una civilización. 

Otro ejemplo: en la CNN vemos al presidente Bush leyendo la carta de una niña de siete años, hija de un piloto que ahora vuela sobre Afganistán. En la carta dice que ella quiere a su padre, pero que si su país necesita que muera, ella está dispuesta a perderlo en aras de su país. El presidente Bush describió esto como patriotismo americano. Ahora bien, hagamos un simple ejercicio mental: imaginemos una niña afgana diciendo eso. Diríamos de inmediato: “¡Qué cinismo, que fundamentalismo, qué manipulación infantil!” De modo que ya hay algo en nuestra percepción. Pero lo que nos ofende de otros, también nosotros lo hacemos en cierta manera. 

P: ¿Multiculturalismo y fundamentalismo pueden entonces ser las dos caras de una misma moneda? 

SZ: No hay nada que decir en contra de la tolerancia. Pero cuando se “compra” esta tolerancia multiculturalista, otras cosas vienen con ella. ¿No es sintomático que el multiculturalismo eclosione precisamente en el mismo momento histórico en que desaparecen del espacio político los últimos rastros de la clase obrera? Para muchos antiguos izquierdistas, este multiculturalismo es una especie de sucedáneo de la política obrera. Ni siquiera sabemos si existe ya la clase obrera, para no hablar de la explotación de unos por otros. 

Quizás no tenga nada de malo. Pero está el peligro de que aspectos de la explotación económica se conviertan en problemas de tolerancia cultural. Y ahí sólo se requiere un paso ulterior, el que da Julia Kristeva en su ensayo «Etrangers à nous mêmes», al decir que no podemos tolerar a los otros porque no podemos tolerar la otredad en nosotros mismos. Eso es lo que yo llamo un craso reduccionismo cultural pseudo-psicoanalítico. 

¿No es a la vez triste y trágico que el único movimiento político relativamente fuerte, no marginal, que todavía dialoga con la clase trabajadora esté conformado por populistas de derecha? Son los únicos. Jean-Marie Le Pen en Francia, por ejemplo. Me perturbó verlo hace tres años en un congreso del Front National. Hizo subir al podio a un negro francés, a un argelino y a un judío, los abrazó y dijo: “No son menos franceses que yo. Mi único enemigo son las empresas internacionales cosmopolitas que descuidan los intereses de Francia.” Es el precio que pagamos: sólo la derecha habla todavía de explotación económica. 

La otra cosa que me parece mal de la tolerancia multiculturalista es su habitual hipocresía, en el sentido de que el otro al que toleran es ya un otro reducido. Lo otro está bien siempre y cuando se trate solamente de una cuestión de alimento, cultura, danzas. ¿Y la extirpación del clítoris? Tengo amigos que dicen: “Debemos respetar a los Indios.” Perfecto, pero ¿qué hay de esa antigua costumbre india según la cual, cuando un hombre muere hay que quemar a su esposa con él? ¿Respetamos eso? Aquí surgen los problemas. 

Un problema aun más importante es que dicha noción de tolerancia enmascara efectivamente a su opuesto, la intolerancia. Es un tema recurrente en mis libros el hecho de que, desde esta perspectiva liberal, la percepción básica de otro ser humano es siempre como la de algo que puede de algún modo dañarnos. 

P: ¿Se refiere a lo que llamamos cultura de la víctima? 

SZ: El discurso de la victimización es hoy casi el discurso dominante. Se puede ser víctima del medio ambiente, del cigarrillo, del acoso sexual. Encuentro algo triste esta reducción del sujeto a víctima: funciona aquí una noción extremadamente narcisista de la personalidad, y que es, de hecho, intolerante, en la medida en que implica que no podemos ya tolerar encuentros violentos con otros... y esos encuentros siempre son violentos. 

Detengámonos por un instante en el acoso sexual. Me opongo, por supuesto, a él, pero seamos francos. Imaginemos que sufro un impulso pasional, me he enamorado de otro ser humano, y declaro mi amor, mi pasión, por él o ella. Siempre hay en esto algo perturbador, violento. Puede parecer una broma, pero no hay nada de ello: no se puede emprender un juego de seducción erótica de modo políticamente correcto. Hay un momento de violencia; cuando se dice: “Te quiero, te amo.” De ningún modo es posible eludir este aspecto violento. Creo que este temor al acoso sexual incluye a este aspecto, el temor de un encuentro demasiado abierto, demasiado violento, con otro ser humano. 

Otra cosa que me molesta en el multiculturalismo es cuando me preguntan: “¿Cómo puede estar tan seguro de no ser un racista?” Mi respuesta es que hay una sola manera: cuando se puede intercambiar insultos, bromas brutales, chistes sucios, con un miembro de una raza diferente, y ambos sabemos que no hay detrás una intención racista. Si, por el contrario, jugamos el juego políticamente correcto, “Oh, cómo te respeto, qué interesantes son tus costumbres...”, es racismo invertido, y es repugnante. 

El ejército yugoslavo era una mezcla de nacionalidades... ¿Cómo nos hacíamos amigos con los albanos? Cuando empezábamos a intercambiar obscenidades, insinuaciones sexuales, chistes. Esta es la razón por la que el respeto políticamente correcto no es más que –para decirlo en las palabras de Freud– ‘zielgehemmt’ [de meta inhibida]. Todavía persiste la agresión hacia el otro.

Creo que hay una piedra de toque del verdadero amor: se puede insultar al otro. Como en esa horrible comedia alemana, un film de 1943 en que Marika Röck trata a su prometido de un modo brutal. Este novio es una persona rica e importante, y el padre de ella le pregunta por qué lo trata así. Ella responde: “Es que lo amo, puedo hacer con él lo que quiera.” Así son las cosas. Si hay verdadero amor se pueden decir cosas horribles, y no pasa nada. 

Cuando el multiculturalismo nos pide respeto por los otros, no puedo evitar pensar que esto se acerca peligrosamente al modo en que tratamos a nuestros hijos: la idea de que deberíamos respetarlos, aun cuando sepamos que aquello en lo que creen no es cierto. “No deberíamos destruir sus ilusiones.” No, creo que no se merecen que los tratemos como niños. 

P: En su libro sobre el sujeto, habla Ud. de un “verdadero universalismo”, que se opondría a este falso sentido de armonía global. ¿A qué se refería con eso?

SZ: Aquí tengo que hacerme una simple pregunta habermasiana: ¿cómo podemos fundar la universalidad en nuestra experiencia? Naturalmente, no acepto este juego posmoderno según el cual todos vivimos en una suerte de universo particular nuestro. Creo que hay una universalidad. Pero no creo en una universalidad a priori de reglas fundamentales o nociones universales. La única verdadera universalidad a la que tenemos acceso es la universalidad política, que no equivale a cierto sentido idealista abstracto, sino a una solidaridad en la lucha. 

Si estamos comprometidos en la misma lucha, si descubrimos que –y éste para mí es el auténtico momento de solidaridad– feministas y ecologistas, o feministas y obreros, todos tenemos de repente esta misma revelación: “Oh Dios, ¡pero si nuestra lucha era en última instancia la misma!” Esta universalidad política sería la única auténtica universalidad. Y esto, claro, es lo que falta hoy, porque hoy la política no es más que una mera negociación de compromisos entre diferentes posiciones. 

P: ¿Lo post-político subvierte la libertad de la que se ha venido hablando tanto en las últimas semanas? ¿Es eso lo que quiere decir? 

SZ: Lo que digo es que lo que nos venden hoy como libertad es algo de lo que se ha vaciado esta más radical dimensión de libertad y democracia. En otras palabras, la creencia de que las decisiones básicas respecto del desarrollo social se discuten o son zanjadas involucrando a la mayor cantidad de gente posible, una mayoría. En este sentido, no tenemos hoy una experiencia real de libertad. Nuestras libertades se reducen crecientemente a la libertad de elegir nuestro estilo de vida. Hasta cierto punto se puede elegir incluso la identidad étnica. 

Pero este nuevo mundo de libertad descrito por gente como Ulrich Beck, que dice que todo es asunto de negociación reflexiva, de elección, puede incluir nueva no-libertad. Mi ejemplo favorito es éste (y aquí tenemos ideología en estado químicamente puro): sabemos que es hoy muy difícil, en cada vez más dominios profesionales, obtener un trabajo duradero. Académicos o periodistas, por ejemplo, firman contratos de dos o tres años, que luego deben renegociar. Por supuesto, la mayoría de nosotros siente esto como algo traumático, perturbador, con lo que nunca se puede estar seguro. Pero entonces viene el ideólogo posmoderno: “Bueno, pero ésta es tu nueva libertad... ¡Puedes reinventarte cada dos años!” 

El problema para mí, es el modo en que se oculta la falta de libertad, se la enmascara precisamente en aquello que se nos presenta como libertades nuevas. Me parece que la explosión de estas nuevas libertades, que caen en el dominio de lo que Michel Foucault llamó el “cuidado de sí”, implica mayor falta de libertad social. 

Veinte o treinta años atrás, todavía estaba la discusión de si el futuro sería fascista, socialista, comunista o capitalista. Hoy nadie siquiera se molesta en discutirlo. Estas elecciones sociales fundamentales ya no son percibidas como materia de decisión. Un cierto dominio de cuestiones radicalmente sociales fue simplemente despolitizado. 

Me parece muy triste que, precisamente en una época en que tienen lugar cambios enormes, y en que de hecho se transforman profundamente las coordenadas sociales, no sintamos que esto es algo sobre lo que podemos decidir libremente. 

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Título Original: The One Measure of True Love is: You Can Insult the Other. Slavoj Žižek, Interviewed by Sabine Reul and Thomas Deichmann. 
From: Spiked 15 November 2001. 
http://www.spiked-online.com/Articles/00000002D2C4.htm. 
Traducción: FLV. © otrocampo.com 1999-2002 
info@otrocampo.com 
http://www.otrocampo.com/7/amor_zizek.html 
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miércoles, 27 de abril de 2016

"El Psicoanálisis Es Más Necesario Que Nunca" ENTREVISTA A SLAVOJ ŽIŽEK.




“Hoy los teóricos fingen que les gusta Hegel, cuando en realidad disfrutan en secreto con la cultura popular. Yo gozo con Hegel y la alta cultura, pero finjo que disfruto con la cultura popular. De hecho soy un intelectual tradicional” 

“Qué desesperación para conseguir gozar. Nos encontramos ante el fundamentalismo de la liberación” “El problema es que Derrida y sus seguidores no han entendido algo que Trotsky tenía muy claro, y es que la revolución no significa felicidad. Debemos fijarnos en lo que está ahí presente, actuar más sobre lo que hay y tenemos”



ENTREVISTA A SLAVOJ ŽIŽEK. 
El Psicoanálisis es más necesario que nunca. 
Por Manuel Asensi



¿Cómo escribe usted? A veces tengo la impresión de que utiliza una técnica de escritura surrealista en la que se deja llevar por una especie de torrente de ideas que le invade.

No, no, lo hago casi de la manera opuesta a como usted lo describe, escribo fragmentos y después los reúno en una especie de montaje. Nunca escribo según esa técnica surrealista, las ideas vienen separadas, cada una por su lado, y en un cierto momento trato de combinarlas formando un todo coherente. Utilizo una extraña estrategia para engañarme: en primer lugar me digo a mí mismo que sólo estoy elaborando ideas sin ningún tipo de articulación, me convenzo de que eso no es escribir todavía, y después, en un cierto punto, monto una especie de collage con todas esas ideas. Trato siempre de evitar la escritura automática, nunca escribo directamente. Creo que a mucha gente le gustaría saber cómo organiza su vida diaria para poder desarrollar tantas actividades: escribir muchos libros, conocer casi todas las obras de filosofía, de psicoanálisis, de religión, de política, leer una enorme cantidad de novelas de diferentes registros, ver casi todos los filmes, óperas, pensar, establecer analogías, viajar de manera constante. Por muy descabellado que pueda parecer, tengo que estar muy agradecido al antiguo régimen comunista de mi país. Cuando acabé mis estudios de posgrado en 1973, recuerdo que era la última oleada represiva del comunismo en la ex Yugoslavia, me dijeron que aunque me apreciaban, no era lo suficientemente marxista como para estar en contacto con los estudiantes, que era incluso peligroso, y por eso me relegaron al Instituto de Investigación, donde podría desarrollar mi trabajo pero en completo aislamiento. Mi eterna gratitud al régimen comunista de mi país. Ese aislamiento al que me sometieron es lo que me ha permitido establecer contactos con el extranjero, Francia, EE.UU., Ernesto Laclau, los lacanianos de París, etcétera. Y a partir de esto se desarrolló todo, es un trabajo maravilloso, sin ninguna regulación. Por otra parte, mi manera de organizarme debe mucho a las nuevas tecnologías, voy con mi ordenador PC portátil a todas partes, escribo en cualquier lugar, en cuanto acabo de leer un libro meto lo antes posible todas las ideas que me sugiere en el ordenador, y después el libro desaparece de mi estantería, no trabajo a la manera de los viejos científicos con los libros desparramados por todas partes. Todo está en mi ordenador.

”Puedo confesar públicamente otro detalle cínico en cuanto a la gran cantidad de películas que veo, etcétera, sobre todo porque es un secreto a voces: seamos serios, hay muchas películas que no he visto. Tengo, por ejemplo, un ensayo sobre “Rompiendo las olas”, de Lars von Trier, que, en realidad, nunca he visto: es demasiado aburrida, lo intenté durante diez minutos, pero no pude. Mantengo una actitud hegeliana, cuando tengo una idea a propósito de un filme, me da reparo volver a verlo por si perturba esa idea que he tenido. Lo único que me apasiona es la ópera, es mi único gran amor, la música clásica en general. La paradoja es que hoy los teóricos fingen que les gusta Hegel, cuando en realidad disfrutan en secreto con la cultura popular. En mi caso, es al revés, yo gozo con Hegel y la alta cultura, pero finjo que disfruto con la cultura popular. La gente piensa que Hollywood me fascina, cuando yo estoy cansado de él; de hecho, llevo en secreto que soy un intelectual tradicional. Mire, me voy a casar en Argentina (se trata de un gran amor, compré este anillo hace tres días, estoy aprendiendo a leer español, es para mí un placer leerlo) y estoy descubriendo fascinado ese país, no tanto su historia literaria como su historia política e ideológica, Facundo, Echevarría, Sarmiento, Rosas, a quien habría que redescubrir. También me gustaría escribir estudios musicológicos, en el sentido adorniano, pero desgraciadamente no estoy suficientemente preparado. Ésta es mi gran frustración. Todo el mundo tiene sus propias limitaciones.

¿Cuál sería en su opinión el papel del psicoanálisis en nuestros días? ¿Cómo puede ayudarnos a comprender el terrible malestar político que nos envuelve a un nivel planetario? Bosnia, Torres Gemelas, África, Iraq, etcétera. Sé que es una pregunta difícil de contestar brevemente, se halla en sus libros desde “El sublime objeto de la ideología” hasta los más recientes, pero quizá podría explicarlo...

La primera idea que yo rechazaría rotundamente es la idea de que necesitamos el psicoanálisis clásico para analizar los así llamados “fenómenos extremos”. Mis amigos me dicen: “¡Oh, Dios mío, necesitamos el psicoanálisis para entender lo sucedido en Bosnia!”. No, en realidad, el psicoanálisis lo necesitamos en todas partes. Mi impresión es que para entender lo sucedido en la ex Yugoslavia no son suficientes los análisis políticos pasados de moda. No me gustan esas aproximaciones espontáneas en las cuales se estigmatiza algunos países en los que por haber, por ejemplo, fenómenos terroristas, se reclama el psicoanálisis. De hecho, el psicoanálisis lo necesitamos para comprender más bien qué sucede con Europa occidental en América. Yo creo que la respuesta es muy clara: una de las principales características de la historia europea en los últimos doscientos años es, para decirlo de forma simple, lo que Adorno y Horkheimer designaron como “Dialéctica de la ilustración”, es decir, ¿cómo y por qué fracasó el proyecto de liberación del hombre? Y aquí el psicoanálisis nos puede ayudar de una manera muy específica.

”Podríamos describir la percepción habitual del psicoanálisis de la siguiente manera: imagine a alguien que advierte que su sexualidad está reprimida, e inmediatamente desea tener relaciones sexuales liberadoras. Sin embargo, dado que ha interiorizado las instancias del superego, las prohibiciones sociales, no puede gozar de manera libre y espontánea de sus relaciones. En consecuencia, acude al psicoanalista pensando que el psicoanálisis debería ayudarle en este punto para hacerle más libres, para que sea capaz de superar esas prohibiciones sociales y gozar del sexo, etcétera. Es ésta una manera equivocada de concebir la función de la terapia psicoanalítica, porque es justamente lo contrario, no nos sentimos culpables porque las prohibiciones sociales nos impidan gozar, sino por todo lo contrario, por no ser capaces de seguir la ley del superego que lanza sobre nosotros el imperativo de gozar. Por muy paradójico que pueda parecer, la verdadera función del psicoanálisis, lejos de ser la de permitirnos gozar, es la de no permitirnos hacerlo. Quizá es el único gran discurso cuyo principal mensaje para el sujeto es “no debes disfrutar”, el único gran discurso que te permite no gozar. En este sentido, te concede una libertad total en contra de todas esas propuestas sobre el goce. Por otra parte, el resultado de esta actitud totalmente permisiva de las sociedades occidentales es que nuestras vidas están más reguladas que nunca. Qué desesperación en la gente para conseguir gozar, no a la grasa, sí al jogging, no al acoso sexual, la vida ya no puede estar más regulada. Lacan lo expresó muy bien cuando cambió la fórmula de Dostoievsky según la cual si Dios ha muerto todo está permitido por esta otra: si Dios ha muerto, todo está prohibido. Nos encontramos ante el fundamentalismo de la liberación. Creo que el psicoanálisis es hoy más necesario que nunca.

En alguna entrevista anterior ha dicho que para usted el sexo no es un placer, sino una responsabilidad, un acto de autocontrol. ¿Por qué es así?

En primer lugar opongo, en un sentido lacaniano, el placer al goce, por supuesto cierta clase de placer. Hoy estamos ante una presión social que nos impone unos comportamientos sexuales, tengo la responsabilidad de hacer gozar a mi compañera, por ejemplo, y si lo hago me siento relajado. El acto sexual se presenta como una responsabilidad. Como dice Lacan, lo que se opone al placer no es la responsabilidad sino el goce, en el sentido de exceso traumático de placer. Por poner un ejemplo ingenuo: imagine que usted vive una vida tranquila, una vida familiar placentera, con sus amistades, sus costumbres, etcétera. En ese caso, la llegada del amor representa una catástrofe, supone, por decirlo con san Pablo o Carl Smith, la irrupción de un “estado de emergencia”.

”No es extraño que, por ejemplo, haya aparecido en EE.UU. una gran cantidad de libros contra el amor. Ahí tiene el caso del título del último libro de Judith Butler, el amor es una violencia ética, no te comprometas demasiado... Lo que más me interesa es precisamente este aspecto traumático del amor. En este sentido, para mí el amor es siempre ético, como si tu simple vida de placeres estúpidos fuera arrancada de cuajo. Los curas inteligentes, especialmente los católicos, conocían esto muy bien y sabían cómo manipularlo. Sus mensajes no consistían en decir no disfrutéis, os prohibimos esto y lo otro y cosas por el estilo, sino sé un poco más moral o bien no te tomes el amor tan seriamente con el fin de evitar su aspecto más traumático. Esto, que ya había sido subrayado por Lacan, es lo que siempre me ha fascinado de la tradición de la Iglesia católica. Lacan y Foucault sabían muy bien que todas esas disciplinas de control no tenían como fin tanto la prohibición de los placeres como su inducción.

Santo Tomás llegó a decir que era un pecado desear a la propia esposa. Ésa es la típica ambigüedad católica, por supuesto santo Tomás quiere decir que no debes desear a ninguna mujer, pero va más lejos. Los curas católicos han estado siempre fascinados por el hecho de que estar demasiado cerca de alguien puede llegar a ser traumático, pecaminoso. Me encanta ese conservadurismo radical que no tiene miedo de llegar hasta el límite y hace surgir la paradoja. ¿Recuerda esa clásica y maravillosa novela de Evelyn Waugh, también en la misma línea católica radical, conservadora, “Retorno a Brideshead”? En ella, a la pareja de protagonistas se le permite al final casarse, y sin embargo ¿qué hace ella? Abandona a su gran amor, le dice que no puede casarse, que sería demasiado traumático, que no sería soportable para Dios. La única manera de llegar a ser fiel a Dios es vivir una vida solitaria y promiscua, follando por ahí y por allá, porque de esa manera la protagonista siente que no traicionará a Dios. Y ése, según ella, es su deber para con la divinidad. Pero claro, eso es una locura para un católico o una católica.

¿Qué es lo que usted propone en el terreno ideológico? Usted ha dicho en su libro “Mirando al sesgo” que la fuerza de la democracia reside en su debilidad, en su imposibilidad, y que la postura del verdadero demócrata es: sé muy bien que esta forma de organización social está interferida por desequilibrios patológicos, pero de todos modos actuaré como si fuera posible. ¿Qué es lo que trata de aportar?

No hay que tener miedo de las paradojas. Soy muy franco a este respecto, cuando la gente me pregunta: “¿Qué debemos hacer?”, respondo que no lo sé. Es mucho más modesto lo que trato de hacer, se trata sólo de subrayar que los antagonismos, por utilizar este término rimbombante, del actual sistema global, antagonismos económicos, éticos, culturales, no podrán ser resueltos en el seno del sistema mismo. Creo que esto es lo único que podemos hacer en la época que Fukuyama ha calificado de “final de la historia”, subrayar esos antagonismos. Advertir, por ejemplo, el peligro de una desublimación represiva, lo que Adorno llamó el peligroso acuerdo entre el superego y el ello, notable en ciertas posturas aparentemente marginales, en las consecuencias de una manera determinada de interpretar a Deleuze o a Derrida, en esa voluntad de romper todos los límites. Y pienso, por ejemplo, en la locura de esas pequeñas comunidades norteamericanas políticamente correctas en las que se está discutiendo el tema de la necrofilia. De la misma manera que tú firmas un documento por el que donas tus órganos tras la muerte, también podrías firmar un documento mediante el que entregaras tu cuerpo para ser utilizado sexualmente por algún necrófilo cuando mueras, si eres joven y atractivo. El sistema permite ese tipo de discusiones. No hay que olvidar que en EE.UU. se puede utilizar la tortura con el fin de obtener información en relación con el terrorismo. Yo quiero vivir en una sociedad donde la tortura no sea posible, porque es algo totalmente inaceptable. En una sociedad en la que no se permita ni siquiera discutir el tema de si debemos o no legalizar la tortura, donde el hecho de que alguien lo proponga lo descalifique automáticamente. Esta permisividad radical del todo vale lleva a lo que pasó hace tres años en Nueva York, cuando unos círculos extremistas se dedicaban a cortar su pene por la mitad, para poder tenerlo doble, lo hicieron casi doscientas personas, imagínese los problemas para orinar, el dolor, porque el pene no se puede reconstituir...

”La paradoja en esta sociedad (en la norteamericana, especialmente) es que si miras durante mucho rato a una mujer puedes ser acusado de acoso sexual. Si por ejemplo haces deconstrucción o “cultural studies” está muy bien, pero Lenin, ah, eso es tabú, puedes llegar a desaparecer de las librerías. En relación con la democracia, he de decir que no debemos ser tan fetichistas a la hora de utilizar el término “democracia”, porque cualquier cuestionamiento de ésta puede ser fácilmente considerado como antidemocrático. La pregunta que pretendo responder en mis libros es la siguiente: ¿qué significa hoy en día la democracia?, ¿cómo funciona? No debemos tener miedo de hacer estas preguntas. Yo no estoy de acuerdo con esa idea derridiana de la “democracia por venir”, porque da la impresión de ser algo siempre inalcanzable, como si lo que tenemos de forma actual fuera un fracaso en relación con lo que podría ser. Está introduciendo una fórmula kantiana, la de la injunción ética, incondicional, aludiendo a lo que siempre está por llegar, a lo que nunca puede ser realizado. Para mí el principal problema de todo eso es que disuelve cualquier acción política en una suerte de proceso infinito que nunca se acaba ni se cumple. El problema es que Derrida y sus seguidores no han entendido algo que Trotsky tenía muy claro, y es que la revolución no significa felicidad. Debemos fijarnos en lo que está ahí presente, tenemos que actuar más sobre lo que de hecho hay y tenemos. Yo no deseo, como ellos, abandonar la noción metafísica de verdad.


Texto extraído de Slavoj Žižek en Español. 



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domingo, 13 de marzo de 2016

"La Angustia en la Mujer": Vilma Coccoz.


Conferencia Vilma Coccoz.
"La angustia en la mujer".
28 de Marzo 2014. Seminarios del Campo Freudiano San Sebastián.





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sábado, 26 de diciembre de 2015

"Los Avatares de lo Femenino" por Claudio Godoy



"Los Avatares de lo Femenino" 
por 
Claudio Godoy 

El argentino Claudio Godoy habló con Juliana sobre las cosas que rodean a todas las mujeres y cómo ellas actúan frente a ellas.


 


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La Dificultad para Establecer un Vínculo de Pareja: Amores del Siglo XXI



La Dificultad para Establecer un Vínculo de Pareja: 
Amores del Siglo XXI 
Por 
Dra. Ruth Axelrod y el Dr. Félix Velasco


Comisión de Familia y Pareja de la Asociación Psicoanalítica Mexicana.



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jueves, 5 de noviembre de 2015

Colette Soler: "Las Parejas y el Mundo"




Las parejas y el mundo según Colette Soler. En entrevistas EAFIT, presentamos a la Psicoanalista Francesa Colette Soler, quien nos habla de “Los vínculos que une a la pareja, la familia o el mundo del trabajo se han vuelto tan precarios que todo el mundo habla de lo que los deshace. Se dice que es culpa del capitalismo, incluso de la ciencia que lo condiciona”. 

Catedrática universitaria en filosofía, diplomada en psicopatología y doctora en psicología. Ha publicado más de 250 artículos, en Francia y el extranjero, sobre los problemas de la formación y la ética del psicoanálisis, las estructuras clínicas, la presencia del psicoanálisis en la cultura, la sexuación, la escritura. Obras publicadas son El psicoanálisis en la civilización (Ed. Contra Capa, Río de Janeiro) y La maldición sobre el sexo (Ed. Manantial, Buenos Aires). Dictó en Buenos Aires el seminario “Clínica de la destitución subjetiva”, invitada por el Foro Psicoanalítico de Buenos Aires.



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lunes, 2 de noviembre de 2015

Maria de los Ángeles Sánchez Vális: "¿Los delincuentes nacen o se hacen?. Un enfoque desde el psicoanálisis



¿Los delincuentes nacen o se hacen? 
Un enfoque desde el psicoanálisis
por
Maria de los Ángeles Sánchez Vális 


Evento Oscilaciones en Tiempos de Crisis, con el tema ¿Los delincuentes nacen o se hacen?. Un enfoque desde el psicoanálisis; impartido por la Dra. Maria de los Ángeles Sánchez Vális. Psicoanalista y Directora de la Comisión de Difusión de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Se llevo a cabo el martes 26 de agosto a las 19:30 hrs. en las Instalaciones del Péndulo Roma (Álvaro Obregón, 86).




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viernes, 23 de octubre de 2015

Araceli Fuentes: "Una mirada sobre la femineidad".


"Una Mirada Sobre la Femineidad".
Araceli Fuentes.


Conferencia de Araceli Fuentes, docente del Nucep, en el Seminario del Campo Freudiano de Donostia-San Sebastián. Julio 2015
“La niña que la destronó tenía otras armas, se besaba con los niños, y sus besos fueron un arma mucho más eficaz que las órdenes que a ella le gustaba dar. Esta mujer estaba identificada desde muy muy pronto con una posición de dominio y esa posición de dominio era en realidad, un rechazo de lo imposible”.



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lunes, 12 de octubre de 2015

Slavoj Zizek: "Vivir en el Fin de los Tiempos" PDF y Documental



"Vivir en el Fin de los Tiempos"
Slavoj Zizek
PDF y Documental.

Ya no debería haber ninguna duda: el capitalismo global se acerca rápidamente su crisis terminal. Slavoj Žižek ha identificado los cuatro jinetes del apocalipsis esta venida: la crisis ecológica en todo el mundo; desequilibrios dentro del sistema económico; la revolución biogenética; y la explosión de las divisiones sociales y rupturas. Pero, se pregunta, si el fin del capitalismo parece a muchos como el fin del mundo, ¿cómo es posible que la sociedad occidental para hacer frente a los tiempos del fin? En un importante nuevo análisis de nuestra situación global, Zizek sostiene que nuestro colectivo respuestas a Armagedón económico corresponden a las etapas del duelo: negación ideológica, explosiones de ira y los intentos de negociación, seguido de la depresión y el retiro. 

Para esta edición, Žižek ha escrito un largo epílogo que deja casi ningún tema sin tocar, de WikiLeaks a la naturaleza del Partido Comunista de China.






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Vilma Coccoz: "La crisis con el saber no tiene edad"



“Un análisis se inicia siempre con una crisis en relación con el pensamiento o con el cuerpo. Insuficiente, obsesionante, inalcanzable… el saber sobre nuestra subjetividad es infiltrado por tropiezos, fallas, engaños. Trasciende pues, las épocas de la vida. A través de la palabra dirigida a un analista se abre paso un estado de crisis “productiva” que va horadando los muros de la impotencia hasta permitirnos acceder al saber más precioso sobre nosotros mismos, el saber inconsciente.” 

Vilma Coccoz. 
Ciclo de conferencias de introducción a la orientación lacaniana NUCEP. 
1 de Octubre de 2015



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